Sanger fran andra vaningen (Canciones desde el segundo piso), de Roy Andersson. Suecia, 98´Un hombre incendia su negocio para cobrar una esquiva suma monetaria y concluye su derrotero vendiendo cristos de madera. Un joven escribe muchísimas poesías, tantas que en determinado momento pierde -tal vez quiso perder- la capacidad de hablar y transcurre sus días llorando sin parar. Una prístina niña con los ojos vendados es ofrecida en sacrificio volador ante un ejército de espectros borrachos y aburridos. Un mago gentil practica el truco del serrucho con un espectador calvo y todo sale mal. Y el alma en pena de un muchachito ruso atormenta -sin intención de hacerlo- al vendedor de cristos de madera del que hablábamos al principio. Songs from the Second Floor se compone de cuadros (la analogía no es mala pues la fotografía de este film es un placer, y encima la cámara no se mueve ni un milímetro en casi 100 minutos) que pueden resultar -dependiendo del espectador- surrealistas ó absurdos ó cualquier otra cosa. Lo indiscutible es que algunos de los cuadros son terribles por la gracia causan y por lo horrible que es reírse de algunas cosas. La empatía que despiertan ciertos personajes -están más conectados de lo que parece- puede virar hacia el rechazo, y ese es otro aspecto positivo de esta obra en la que cada cuadro nos sorprende ofreciéndonos catorcemil interpretaciones diferentes que -aquí lo formidable- aún llegando al final de la proyección sin haber podido pasar en limpio casi ninguna, disfrutás lo mismo y te retirás de la sala bastante impactado.
El final en el campo, luego de cierto grito puntual, se convierte automáticamente para el autor de esta reseña en Dawn of The Dead -la de Romero, no la de Snyder- pero proyectada a un poquito menos de su velocidad normal.
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Daniel Celina
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